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jueves, 17 de septiembre de 2009

Los problemas de la metafísica heideggeriana para Zubiri
En Heidegger ve Zubiri un avance con respecto a Husserl. Heidegger ha identificado como primordial el problema del olvido metafísico del ser. En opinión del filósofo alemán, hemos sustituido al ser por entes (entendiendo por ello tanto los sistemas conceptuales que suplantan al ser, como las cosas, creadas para su manipulación). En esto concuerda Zubiri.
El problema de la concepción heideggeriana reside, para Zubiri, en que establece una diferencia —la diferencia ontológica— entre el Ser y los entes. El Ser está ligado estrechamente a la comprensión; para el ente, esto da igual. Por tanto, el Ser por excelencia es ese ser-ahí, el Dasein (de los vocablos alemanes da: ahí y sein: ser, comúnmente traducido como ‘ser-ahí’). El Dasein es el único que puede inquirir por el Ser. El ser está vinculado, pues, al horizonte comprensivo.  “La comprensión del ser, el Da” —dice Zubiri— es una comprensión tempórea, esto es, el Da mismo es tempóreo.(...) Por la temporalidad somos ‘como somos’ y estamos, por tanto, en el ente, pero ‘allende’ todo ente” [SE, 440]. Es, por tanto, la comprensión del Ser es una comprensión que se da en una perspectiva temporal, histórica.
Heidegger —y eso le parece clave a Zubiri— plantea que el Ser, más que sólo mostrarse, se “da”. La importancia de esta idea podría verse desde la perspectiva del antiguo esquema sujeto-objeto. El “objeto” del conocimiento se “muestra” pasivamente al sujeto cognoscente. Esto sería válido desde la perspectiva de las cosas. Desde la perspectiva del problema del ser, del problema ontológico, el ser, al mostrarse, es “un estar siendo lo que él, el ser, es” [SE, 442]. Pero se da “en la comprensión del ser. El ser sólo ‘es’ siendo Da, dándose en la comprensión” [SE, 442].
El aspecto fundamental del ser humano es, para Heidegger, la comprensión del ser. Para Zubiri, “esto no es sostenible. Ciertamente, el hombre se mueve siempre en el ser, pero el ‘elemento’ en que primaria y constitutivamente se mueve el hombre no es el ser, sino la realidad.” [SE, 451]. El ser no es lo fundamental para Zubiri: lo es la realidad. El ser es un momento de lo real, pero no agota todo lo real.
Heidegger sigue siendo deudor de las concepciones fenomenológicas, donde la conciencia —formulada ahora como “comprensión del ser”— suplanta a la inteligencia. Heidegger acierta cuando afirma que el Dasein se caracteriza por tener una apertura al ser. Pero “el hombre se mueve en el ser no porque aquél sea Da-sein, sino porque el Da-sein está sentientemente abierto a las cosas reales, las cuales, como reales, ‘ya’ son de por sí. El primum cogitum, el primer inteligible (...) no es el ser, sino la realidad, y la realidad sentida en impresión de realidad. Apertura no es comprensión, sino impresión” [SE 452].
Dicho de otra manera, Heidegger considera primordial la comprensión (la inteligencia en su estructura de logos), lo cual, para Zubiri, se fundamenta en la impresión de realidad. Sin esa impresión “primordial” de lo real, no sería posible aprehender la realidad en sus diferentes relaciones y condiciones.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Un aporte de Luis Huezo para la reflexión sobre Husserl

Yo solo quisiera apuntar de manera practica a los beneficios de la filosofia, y de la busqueda de lo esencial en el diario vivir, especialmente en el manejo de las crisis. Crisis es la palabra mas actual en nuestro epoca, en nuestro pais: crisis de valores, crisis financiera, crisis politica, crisis de seguridad... Lo que sigue no es mio, es del libro de Leonardo Boff, "La Crisis como Oportunidad de Crecimiento" y pueda dar un aporte a la discusion:

"En los momentos de krisis se vive con especial intensidad el kairos (oportunidad)donde lo esencial se manifiesta con mas clarividencia. La palabra sanscrita para crisis es "kri" que significa purificar, limpiar y crisol. La crisis purifica " los elementos que se han incrustado a lo largo de un proceso vital... al punto de poner en peligro la sustancia." Crisis significa ademas "la desicion en un juicio", llegar al punto critico como un medico que sopesa sintomas y toma una desision que recupera al enfermo. La desicion inicia el restablecimiento."

Si no logramos reflexionar sobre la esencia de las cosas, sobre lo "esencial", entonces no tomamos desiciones que nos llevan a la superacion de la crisis, sino que nos mantenemos en ella, tratando con la inmediatez. Pero esto no sucede automaticamente al enfrentar la crisis, sino que mediante un proceso reflexivo, debe buscarse lo esencial, desechar lo que se ha incrustado y no es propio y discernirlo para apartarlo. El no reflexionar sobre lo que es esencial hace que las personas y las naciones no superen sus crisis y pierdan la oportunidad de crecer.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Zubiri (2)

  1. Zubiri, sus puntos de partida filosóficos: Husserl
 
“No entiendo por punto de partida el primer momento del pensamiento de Husserl; ese sería un asunto biográfico. Quiero hablar aquí del punto de partida lógico: cuáles son las ideas en las que es preciso colocarse para comprender el movimiento filosófico de Husserl hacia el objetivismo”.
Zubiri, en su tesis de licenciatura, Primeros escritos, p. 12.
Siendo congruentes con esta perspectiva, podemos decir que uno de los puntos de partida filosóficos es Husserl, autor al cual dedicó su trabajo de licenciatura (“El problema de la objetividad en Edmund Husserl. I. La lógica pura”), que preludió el tema de su tesis doctoral (“Ensayo de una teoría fenomenológica del juicio”, de 1921). El segundo es la ontología de Martin Heidegger, de la cual se vale para superar los vacíos que advierte en las ideas de Husserl, pero de la cual también resulta distanciándose críticamente en la formulación de su teoría de la inteligencia.
El pensamiento zubiriano es deudor de la fenomenología. En varios sentidos. Primero, por lo que implica de crítica a la tradición filosófica europea. Recordemos que para Husserl, es necesario reflexionar en aras de superar la crisis cultural europea, que proviene del reinado del positivismo y se expresa en las sociedades automatizadas y deshumanizadas de Europa y Estados Unidos. La “armazón espiritual europea”, valga decir: el proyecto intelectual que se inicia con los griegos, ha sido reducido a lo que los frankfurtianos llamarían “racionalidad instrumental”. La fenomenología surge como respuesta a la pérdida de sentido de la cultura europea. Pérdida de sentido y pérdida, por tanto, de la esencia.  El filósofo vasco comparte este diagnóstico. Considera que el pensamiento occidental ha incurrido en un extravío, que si bien para Husserl es el alejamiento de la esencia (su llamado a ir “a las cosas mismas” implica una vuelta al mundo de la vida pero instalados en el horizonte de la esencia, perdida por la mecanización de dicho mundo), para Zubiri será —así lo formulará en sus escritos de madurez— la pérdida de la realidad. En todo esto, hay un sustrato “idealista” en el pensamiento occidental. Idealismo que ha suplantado la realidad por sus representaciones conceptuales, y que se expresa en distintas maneras.
Para Zubiri, la fenomenología aporta varias cosas en la dirección de la búsqueda de la realidad:
a)      Una visión no sustantivada de la conciencia
b)      Los actos de conciencia como correlatos del mundo
c)      El mundo entendido como algo que está a priori de cualquier acto de conciencia
d)      El concepto de “copresencia”
a)      La visión no sustantivada de la conciencia significa dejar de entender la conciencia como algo que se basta a sí mismo y que es independiente del mundo. La conciencia no existe en el aire: es “conciencia-de”, conciencia intencional, conciencia que se dirige a algo. Esto es importante en la teoría de la inteligencia zubiriana. La inteligencia no es algo separado del mundo. Está inserto en la realidad, en enfrentamiento con ésta. Inteligencia y realidad son inseparables de Zubiri, así como conciencia y mundo son inseperables en Husserl.
b)      Los actos de conciencia como correlatos del mundo. El idealismo ha planteado que el conocimiento es una relación de un sujeto activo e independiente del mundo. El positivismo ha planteado la posibilidad de una “actitud neutral”, sin prejuicios para conocer “objetivamente” a ese mundo. El acto de conciencia y el mundo están correlacionados. En la teoría de la inteligencia zubiriana también se advierte esta correlación.
c)      El mundo entendido como algo a priori de cualquier acto de conciencia. El mundo está “ya” delante de la conciencia. Antes de cualquier acto de conciencia, tenemos “ya” un mundo, determinado espacial y temporalmente. Para Zubiri, la realidad es el a priori de toda intelección.
d)      La “copresencia”: La conciencia no es una conciencia solipsista. Está “copresente”, tanto con los objetos del mundo como con otras conciencias. Esto abre la conciencia a la dimensión intersubjetiva, que se caracteriza por la diversidad de perspectivas del mismo mundo. Zubiri comparte esta perspectiva. Además, la enriquece al entender esa “copresencia” como “codeterminación” de notas estructurales.
Sin embargo, la propuesta de Husserl no resulta suficiente para superar el reduccionismo idealista. Circunscribe los actos de conciencia a meros actos de conocimiento. Husserl sigue siendo heredero de aquella tradición filosófica que reduce la inteligencia humana a la formación de conceptos. El logos conceptual es importante para Zubiri pero no es ni lo primero en la inteligencia.
Esto toca un asunto clave en la teoría de la inteligencia. El racionalismo y los dualismos antropológicos oponen el sentimiento a la razón. Para el primero, el sentimiento es una forma inferior de conocimiento y conduce irrevocablemente a errores y distorsiones. El dualismo platónico irá en esta misma vía, así como lo hace el dualismo de la filosofía cristiana medieval (al menos en el tomismo).
Sentir e inteligir no son cosas aparte en Zubiri. Mucho menos, son opuestos entre sí. Tampoco son “momentos” o “escalones” en el conocimiento, como si yo tuviera que “captar sensiblemente” alguna cualidad de un objeto para después “procesarla racionalmente” y así lograr algún conocimiento del objeto en cuestión.
Por otro lado, Husserl no logra superar el reduccionismo idealista por cuanto concibe la esencia como “sentido”.
“[Esta concepción de esencia es] Insostenible en sus supuestos mismos. En primer lugar, por la forma misma de enfocar la cuestión. Husserl parte, en efecto, de las leyes o necesidades absolutas de las cosas. Dicho así, lo obvio sería inclinarse sobre las cosas para ver de lograr penosamente el momento absoluto de ellas, sin estar jamás seguros de alcanzarlo. Nada más lejos del ánimo de Husserl. Husserl no va directamente a las cosas, porque lo que quiere en primera línea es evidencias apodícticas, absolutas, esto es, un saber que su propia índole en cuanto forma de saber, garantizara esas evidencias y fuera, por tanto, un saber absoluto en y por sí mismo, a diferencia de todo saber empírico. La diferencia radical de que Husserl parte en toda su filosofía es la contraposición entre saber absoluto y saber empírico; no es la diferencia de dos modos de ser —‘lo’ absoluto y ‘lo’ relativo, sino de dos modos de saber. Subsume, pues, el concepto de esencia bajo el concepto de absoluto, y a su vez hace de lo absoluto un modo de saber. Con lo cual en lugar de buscar lo absoluto de las cosas, lo que hace es acotar dentro de éstas aquella zona a la que alcanza ese saber, absoluto por sí mismo”.
Sobre la esencia, pp. 27-28. Los énfasis son míos.
Esto en cuanto a la esencia. ¿Qué ocurre con la conciencia, la otra categoría importante de la fenomenología? Ocurre que “no consiste formalmente en ‘ser-intención-de’, sino en ser ‘actualización’ de su objeto; la intención misma es un modo de actualizar, nada más. Recíprocamente, el ser del objeto no consiste en ‘ser correlativo a’. Ciertamente el objeto es correlativo al acto; pero como éste es un acto de actualización, resulta que la índole formal del objeto en cuanto término del acto es estar meramente actualizado” (Ibídem, p. 29).
Para Zubiri, las cosas “’no remiten’ a la esencia como a un sentido regulador a priori  de su realidad. Las cosas guardan con la esencia un respecto más íntimo: no remiten a ella sino que la ‘poseen’ intrínsecamente; las esencias están realizadas ‘en’ las cosas, son un momento intrínseco y formal de ellas” (Ibídem, p. 30). La realidad no es una mera colección de cosas. Tampoco las cosas apuntan (intencionalidad) a su esencia, sino que están ya en posesión de esa esencia —o realidad—.
Por eso Zubiri prefiere hablar, ya no de actos intencionales de la conciencia, sino de aprehensión de la realidad. La aprehensión implica la forma en que la realidad se me actualiza en la inteligencia. Aprehender la realidad implica actualizar las características (o notas) que la realidad posee. Pero ojo: no hay que caer nuevamente en la visión sujeto-objeto, sino partir de la inteligencia enfrentada con esa realidad que es a priori.

Zubiri (1)

Xavier Zubiri
 
  1. Datos generales
Xavier Zubiri nació en 1898. Es evidente que “el 98” lo afectó intelectualmente. Estudió en el Seminario Conciliar de Madrid y en la Universidad Central de esa misma ciudad. En ambas entidades estudio Filosofía y Teología Como aspirante a sacerdote, fue enviado a estudiar a la Universidad de Lovaina, donde entró en contacto con la filosofía de Husserl, importante para el desarrollo posterior de un pensamiento filosófico original.
Se desempeñó como catedrático en Friburgo, Múnich y Berlín. No era extraño que un español se desplazara a Alemania si quería estudiar filosofía con un nivel riguroso. Alemania era la capital filosófica de Europa en los años 20. El filósofo español más reconocido en aquel tiempo, José Ortega y Gasset, había estudiado antes en el país centroeuropeo. Una pléyade de filósofos de primer nivel estaban en las aulas alemanas: el ya mencionado Husserl, Karl Jaspers, el helenista Jaeger y un hombre pequeño de estatura, que usaba vestimentas campesinas y que tenía hechizado al medio filosófico europeo: Martin Heidegger, de quien Zubiri se haría discípulo.
En los años treinta, los años de la República y de la Guerra Civil, abandonó el sacerdocio y se dedicó a la docencia y a la actividad filosófica. Se casó con Carmen Castro, hija del historiador Américo Castro. De esos años es su obra Naturaleza, historia, Dios.
En la etapa que va desde 1945 hasta el final de su vida en 1983, Zubiri dista de ser un filósofo famoso (al estilo de Ortega y Gasset, quien fue una figura pública, que escribía en los periódicos y que animaba la prestigiosa Revista de Occidente). Al contrario, Zubiri está retirado prácticamente de la vida pública y se gana la vida dictando cursos en la Sociedad de Estudios y Publicaciones. Su obra adquiere la atención que ya merecía, gracias a su relación con el jesuita Ignacio Ellacuría, quien trabaja su tesis doctoral sobre La principialidad de la esencia en Zubiri.
Este pensamiento aparece en su plenitud en la teoría de la inteligencia expuesta en los tres volúmenes de Inteligencia sentiente: Inteligencia y realidad, Inteligencia y logos, Inteligencia y razón, aparecidas en los años 80. 

jueves, 3 de septiembre de 2009

Husserl (y 3)

De la actitud natural a la epojé fenomenológica  (Esquema)
  1. Husserl plantea así la relación entre el yo y el mundo circundante en la actitud natural: “Tengo conciencia de un mundo extendido sin fin en el espacio y que viene y ha venido a ser sin fin en el tiempo. Tengo conciencia de él quiere decir ante todo: lo encuentro ante mí inmediata e intuitivamente, lo experimento.  Mediante la vista, el tacto y el oído, etc., en los diversos modos de percepción sensible están las cosas corpóreas, en una u otra distribución espacial, para mí simplemente están ahí, “ahí delante” en sentido  literal o figurado, lo mismo si fijo la atención especialmente en ellas, ocupándome en considerarlas, pensarlas, sentirlas, quererlas o no...” (p. 196).
  1. En la cita anterior, Husserl fija como a priori el mundo que “ya está” antes de cualquier acto de conciencia del sujeto.
  1. Hay también una relación de copresencia del sujeto con todos los objetos del mundo, otros sujetos, etc., se dé cuenta de ellos o no.
  1. El mundo tiene, además de una presencia espacial, un horizonte temporal “desde sus dos lados, su conocido y su desconocido, su inmediatamente vivo, y su no vivo pasado y futuro. Poniendo libremente por obra esa forma de experiencia que me hace intuir lo que está ahí delante, puedo perseguir estas conexiones de la realidad que me circundada inmediatamente. Puedo cambiar mi posición en el espacio y en el tiempo; puedo procurarme percepciones y representaciones siempre nuevas, más o menos claras y ricas, o también ‘imágenes’ más o menos claras en que hago intuitivo lo posible y conjeturable en las formas fijas del mundo espacial y temporal.
  1. Es interesantes cómo Husserl advierte que este mundo está “desde ya” adelante de mí en tanto miembro del ese mundo. Las cosas que lo componen están, ya tanto como “un mero mundo de cosas”, sino también como “mundo de valores”, en tanto cosas con caracteres de valor, “encontrándolas bellas y feas, gratas e ingratas, agradecidas y desgraciadas, agradables y desagradables.”
  1. Ahora bien, esos caracteres de valor son inherentes constitutivamente a los objetos que “están ahí delante” en cuanto tales.
  1. El natural dejarse vivir es previa a la enunciación del cogito. El mundo natural —y su correlato, la actitud natural— son previas a las representaciones teoréticas.
  1. “El mundo aritmético sólo está para mí ahí, si y mientras estoy en actitud aritmética. Pero el mundo natural, el mundo en el sentido habitual de la palabra, está constantemente para mí ahí mientras me dejo vivir naturalmente. Mientras éste es el caso, estoy en ‘actitud natural’: es más, ambas cosas quieren decir exactamente lo mismo. En ella no necesita alterarse absolutamente nada (p. 199)
  1. Pero no estamos hablando aquí de una conciencia solipsista que tiene “intuiciones privadas” del mundo, o que tiene un “mundo propio” y clausurado en sí mismo. El mundo circundante al sujeto es “objetivamente un mismo mundo del que todos nosotros nos limitamos a tener conciencia de diverso modo. Cada uno tiene su lugar desde donde ve las cosas que están ahí delante, y por eso se le presentan a cada uno las cosas de diversa manera.” (p. 200).
  1. Todo lo anterior resume la actitud natural: La realidad la encuentro como estando ahí delante y la tomo tal como se me da, también como estando ahí.
  1. Las ciencias de la actitud natural quieren conocer ese mundo que está delante de una forma más segura, más perfecta de lo que puede hacerlo la experiencia ingenua y resolver todos los problemas del conocimiento científico que se presentan en el terreno de dicho mundo.
  1. Para arribar a una ciencia eidética, se debe dejar de lado esa actitud: cambiarla radicalmente. Aquí entra en juego la “puesta entre paréntesis” de todo lo que sabemos sobre el mundo. No se trata de un intento de duda universal, al uso de Descartes. Cualquier tesis sobre el mundo sigue existiendo: “la tesis es una vivencia, pero no hacemos de ella ningún uso”.
  1. La epojé fenomenológica consiste en poner fuera de juego la tesis general inherente a la esencia de la actitud natural. No es “negar” este mundo, ni “dudar de su existencia”. Desconectar esas tesis es simplemente no hacer ningún uso de sus afirmaciones válidas. Tampoco se trata de pretender ser “objetivo” (positivistas) desechando todos los prejuicios.
  1. Lo que queda de esta puesta en paréntesis es nuestra conciencia y las vivencias de esa conciencia. Vivencias intencionales. Fenomenología consiste en describir las vivencias intencionales de la conciencia.
  1.  Después de la epojé, viene la reducción eidética y reducción trascendental. Convertir los hechos de la actitud natural en esencias. Reducción esencia es reducción en esencias. La reducción eidética viene acompañada de la reducción trascendental: las esencias se convierten en vivencias de una consciencia trascendental (consciencia pura, constitutiva del conocimiento universal y necesario).
  1. Finalmente viene la intuición eidética. Contemplación desiinteresada por parte de la conciencia de las esencias. Las esencias se vonvierten en vivencias propias de la consciencia trascendental.
  1. Así, es posible retornar al mundo de la vida para comprender la realidad de dicho mundo.
  1. Intencionalidad: noesis, noema. Intencionalidad: conciencia de- conciencia de la noesis del noema. La descripción fenomenológica es un acto de conocimiento de las esencias: noesis (sujeto constituyente) y noema (el objeto constuituido).

Husserl (2)


¿Qué busca la fenomenología?
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Un punto de partida importante es la caracterización del ámbito de las ciencias, que tiene mucho que ver con la actitud natural. El ámbito de las ciencias empíricas, que busca “fijar hechos” es el mundo. “El mundo es el conjunto total de los objetos de la experiencia y del conocimiento empírico posible de los objetos que sobre la base de experiencias actuales son cognoscibles en un pensar teorético justo.”
Podríamos hablar de una división entre ciencias de hechos, que son las que parten de la facticidad del mundo, y  ciencias de esencias. Estas últimas no tienen objetos reales, sino esencias, que no son objetos empíricos.
Esto sirve para aclarar el lugar que tiene la fenomenología con relación a la psicología. La fenomenología “se ocupa de la conciencia, de todas las formas de vivencias, actos y correlatos de los actos”. Se trata de la conciencia en tanto intuición de esencias (ciencia eidética). En cambio la psicología, dice Husserl, “es una ciencia empírica”, por cuanto “es una ciencia de hechos, de matters of fact”, y también es “una ciencia de realidades”: los fenómenos psicológicos son sucesos reales “que, en cuanto tales, tienen existencia real, se insertan con los sujetos reales a que pertenecen dentro del orden del mundo uno del espacio y del tiempo o de la omnitudo realitatis”. Por tanto, fenomenología no es psicología, pues se trata de una diferencia de ámbitos. La psicología es una ciencia fáctica.
 Los fenómenos de la fenomenología trascendental son irreales. La esencia es algo irreal, en el sentido de “no-fáctico” (no de falso: esto es un equívoco. La falsedad no es sinónimo de irrealidad. Lo real es lo fáctico. Un número es "irreal" en este sentido, pero no es una falsedad).
Husserl designa por esencia “lo que se encuentra en el ser autárquico de un individuo constituyendo lo que él es. Pero todo ‘lo que’ semejante puede transponerse en idea. Una intuición empírica o individual puede convertirse en intuición esencial (ideación), posibilidad que por su parte no debe considerarse como empírica, sino como esencial. Lo intuido en este caso es la correspondencia esencia pura o eidos”.
Otra definición de esencia la da en estos términos: “La esencia (eidos) es un objeto de nueva índole” —no es un objeto empírico, mundanal—. Así como lo dado en la intuición individual o empírica es un objeto individual, lo dado en la intuición esencial es una esencia pura”.
 Hay una correlación entre intuición y objeto: en la intuición esencial hay un objeto eidético. La intuición eidética “hace que se dé originariamente (el objeto); que la conciencia aprese el objeto ‘originariamente’ en su identidad personal”.
 Hay ciencias de esencias puras, “como la lógica pura, la matemática pura, la teoría pura del tiempo, la teoría pura del espacio, la teoría pura del movimiento”: son puras de todo poner hechos en todos sus pasos mentales, o lo que es equivalente, en ellas no puede tomar la función de fundamentación la experiencia en cuanto experiencia, esto es, en cuanto forma de conciencia que aprehende o pone la realidad o la existencia”. En las ciencias empíricas, la experiencia es la fundamentación científica. 

martes, 1 de septiembre de 2009

Husserl (1)

Edmund Husserl [1853-1938]
  1. La fenomenología es una respuesta a la crisis de la cultura europea. La cultura europea se entiende en el sentido de “estructura espiritual” propia de la cultura occidental: el legado racional que viene de los griegos. En una conferencia titulada “La filosofía en la crisis europea”, Husserl explica lo anterior: “Formulamos la pregunta: ¿Cómo se caracteriza la estructura espiritual de Europa? Es decir, Europa entendida no geográfica o cartográficamente, como si se pretendiera circunscribir el ámbito de los hombres que conviven territorialmente en calidad de humanidad europea. En el sentido espiritual permanecen manifiestamente también a Europa los dominios británicos, los Estados Unidos, etc., pero no los esquimales ni los indios de las exposiciones de las ferias ni los gitanos que vagabundean permanentemente por Europa. Con el título de Europa trátase evidentemente aquí de la unidad de un vivir, obrar, crear espirituales: con todos los fines, intereses, preocupaciones y esfuerzos, con los objetivos, las instituciones, las organizaciones”. “’La estructura espiritual de Europa’: ¿Qué es esto? Es mostrar la idea filosófica inmanente a la historia de Europa (de la Europa espiritual), o, lo que viene a ser lo mismo, la teleología inmanente a ella, que se da a conocer en general desde el punto de vista de la humanidad universal como el surgimiento y el comienzo de desarrollo de una nueva época de la humanidad que en adelante sólo quiere vivir y puede vivir en la libre formulación de su existencia y de su vida histórica a partir de ideas de la razón, hacia tareas infinitas”.
  1. Precisamente, hay un alejamiento de lo que buscaba la filosofía griega: un ejercicio racional para comprender integralmente la realidad.
  1. La cultura europea se ha visto dominada por el positivismo. El problema del positivismo es su limitación en las ciencias particulares. Esto implica quedarse en un interés inmediato (la “solución y dominio práctico”), sin poder ver más allá de la inmediatez. Se pierde, entonces, lo esencial.
  1. Es necesaria, entonces, unificar el saber, entendiéndolo como una totalidad racional. Las ciencias particulares no agotan esta racionalidad. La razón busca el verdadero conocimiento, los valores racionales y la acción ética. Todo esto es desvirtuado por el ideal positivista.
  1. Así, la filosofía sería “una ciencia universal del mundo, un saber universal, definitivo, una totalidad de las verdades en sí sobre el mundo, sobre el mundo en sí” (“La filosofía como autorreflexión de la humanidad”)
  1. Para Husserl, la filosofía es el fundamento de todas las ciencias. Pero no cualquier tipo de filosofía: se trataría acá de una fenomenología, o “ciencia de esencias”.
  1. Las ciencias particulares ciertamente tratan sobre los fenómenos. Pero lo hacen a un nivel muy superficial. Fenómeno es phainomenon, lo que aparece, lo que se manifiesta. Ocuparse de los fenómenos no es quedarse en la superficie, si se hace filosóficamente. A partir del fenómeno sería posible encontrar lo esencial. El fenómeno expresa, por así decirlo, las esencias.  En Ideas para una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica, plantea: “A los fenómenos se dirigen también otras ciencias, ha largo tiempo conocidas. Así, se oye designar a la psicología como una ciencia de los fenómenos psíquicos, y a la ciencia natural como una ciencia de los fenómenos físicos; igualmente se habla a veces en la historia de los fenómenos históricos, en la ciencia cultural de los fenómenos culturales; y análogamente por lo que respecta a todas las ciencias de realidades. Por distinto que pueda ser el sentido de la palabra fenómeno en semejantes expresiones, lo cierto es también que la fenomenología se refiere a todos estos fenómenos en todas las significaciones posibles; pero en una actitud totalmente distinta que modifica en determinada forma todos los sentidos del término fenómeno con que nos encontramos en las ciencias que nos son familiares desde antiguo. Sólo en cuanto modificado de esta suerte entra el fenómeno en la esfera de la fenomenología. Estudiar estas modificaciones, elevar por medio de la reflexión lo que tienen de peculiar esta actitud y las naturales al nivel de la conciencia científica, he aquí la primera y nada leve tarea que debemos lleva a cabo plenamente, si queremos abrirnos al campo de la fenomenología y adueñarnos científicamente de su peculiar esencia”.
  2. En el apartado anterior, Husserl habla de una “actitud natural”.  La actitud natural es la actitud carente de rigor: los “hábitos de la persona ingenua”, que no se molesta en reflexionar más allá de las apariencias. Quien se queda sólo con las apariencias tiene una actitud ingenua. La ciencia hace ver que más allá de cómo se presentan determinados fenómenos naturales (el calor, el sonido, lo que vemos, etc.), hay aspectos de la realidad muchísimo más ricos. La actitud ingenua es la que considera que la realidad se entrega irrestrictamente.
 
  1. La fenomenología se opone también al psicologismo. El psicologismo plantea, entre otras cosas, una reducción psicologista de las categorías de pensamiento. La lógica no es una creación mental, sino el fundamento del pensar.  Por otro lado, es fácil caer del psicologismo al relaivismo. En las Investigaciones lógicas, Husserl arguye: “Si el conocimiento de las leyes lógicas tuviese su fuente en los hechos psicológicos... poseerían necesariamente un contenido psicológico en un doble sentido: serían leyes para los hechos psíquicos y supondrían o implicarían la existencia de estos hechos. Pero esto es falso. Ninguna ley lógica implica un matter of fact, ni siquiera la existencia de representaciones, o de juicios, o de otros fenómenos del conocimiento. Ninguna ley lógica es... una ley para los hechos de la vida psíquica, ni para las representaciones, ni para los juicios, ni para ninguna otra vivencia psíquica”.
  1. La psicología, para Husserl, “es una ciencia empírica. Esto implica, dada la significación usual de la palabra experiencia, dos cosas: 1. La psicología es una ciencia de hechos, de matters of fact en el sentido de Hume. 2. la psicología es una ciencia de realidades. Los fenómenos de que trata como ‘fenomenología’ psicológica son sucesos reales que, en cuanto tales, tienen existencia real, se insertan con los sujetos reales a que pertenecen dentro del orden del mundo uno del espacio y del tiempo o de la omnitudo realitatis.  Las cuestiones de hecho son juicios que establecemos en la experiencia (“matters of fact”) y son siempre contingentes, pese a que ellas mismas planteen que están dando cuenta de la naturaleza de las cosas existentes.
  1. Con esto, Husserl no rechaza la psicología, sólo una visión reduccionista de la misma (p. 183).La fenomenología se ocupa de “la conciencia, de todas las formas de vivencias, actos y correlatos de los actos. Verlo bien así requiere, ciertamente, no poco esfuerzo, dados los hábitos mentales dominantes. Eliminar todos los hábitos mentales existentes hasta aquí, reconocer y quebrantar los límites del espíritu que cierran el horizonte de nuestro pensar, y adueñarse con plena libertad de pensamiento de los genuinos problemas filosóficos, problemas que hay que plantear plenamente de nuevo y que únicamente son accesibles con el horizonte despejado por todos lados, he aquí duras exigencias”.
  1.  La fenomenología se distingue de las ciencias de hechos (que buscan fijar “hechos”: actitud propia de la ciencia), en ser una ciencia de esencias (ciencia eidética).